Santa María de Oro vive desde hace algunos días sufre el drama de no tener agua potable en las canillas de las casas, luego de que el único pozo que alimenta a la mayoría de las viviendas de ese distrito de Rivadavia, salió de servicio, al parecer, por un derrumbe de su caverna.

La comuna ha emprendido una serie de trabajos para mitigar los inconvenientes, mientras anuncia que a partir del lunes, comenzará una nueva nueva perforación, en la que piensa invertir entre 2,5 y 3 millones de pesos, pero que no estará lista antes de 15 o 20 días.

Es mucho tiempo para estar sin agua y los vecinos del distrito son los que más lo sufren: “Abrís la canilla y no sale nada. Hay que esperar a que la comuna traiga o buscar alguna de las cisternas que se han distribuido por el pueblo”, cuenta Miriam Ortega, una de las vecinas perjudicadas: “Solo tenés agua para cocinar y para tomar. Ahora nos bañamos por turno, uno cada día y he vuelto a lavar la ropa a mano”.

En Santa María de Oro, el agua potable es administrada por un consorcio de vecinos que se hace cargo del servicio y que tiene bajo su control, la única perforación pública que ha existido en los últimos 30 años. De allí se surten casi 500 familias, pero también dos escuelas y un centro de salud.

Así y mientras proyecta la nueva perforación, la comuna y el consorcio han decidido una serie de medidas para mitigar los problemas: una de ellas es el viaje diario de hasta seis tancadas de agua, que recorren las casas para surtir a los vecinos; la otra es la instalación en media docena de puntos del pueblo, de cisternas de 3.000 litros, de los que la gente saca agua para llenar botellas, baldes y fuentones.

“Es un problema muy grave porque solo tenemos agua para las cosas mínimas. En mi casa hay tres personas que cosechan y todas las tardes vuelven ‘mosteados’, sin posibilidad de darse una ducha”, dice Oscar, otro de los vecinos de Santa María de Oro.
Es por eso que mucha gente y no solo los jóvenes que buscan refrescarse, apelan a un baño en los canales de riego, de los que la gente saca agua incluso para tomar: “Está prohibido por Irrigación, pero la verdad es que se trata de una situación muy particular y la gente opta por los cauces para darse una ducha”, admiten desde la comuna.

El municipio también sumó una perforación privada, que ofrecieron dos productores y parte de una red de Aysam, pero el problema no está resuelto y admiten que el 40% de los vecinos no tiene agua y que el resto, en el mejor de los casos, tiene una presión a solo 20 centímetros del suelo, es decir, a la altura de una canilla.

En calle Liniers, muy cerca del destacamento, el municipio montó uno de las seis cisternas para que la gente saque agua. Son enormes recipientes de 3.000 litros con una canilla en la parte inferior, que el municipio llena dos y hasta tres veces por día. “Los vecinos cargan en lo que tienen a mano, algunos vienen con botellas, otros col baldes e incluso con fuentones”, cuenta Norma, que vive a unos 200 metros de la cisterna, aunque hay vecinos que caminan mucho más para tener algo de agua.

La nueva perforación, que la comuna comenzará el lunes a través de una empresa, podría estar en funcionamiento en unos 20 días y la contratación de la obra se hizo de manera directa, luego de que el Concejo Deliberante decretó la emergencia hídrica en el distrito y con ello, la posibilidad de evitar licitaciones y ganar tiempo.

Mientras tanto, la idea es introducir una cámara para filmar el interior del pozo actual, con la idea de determinar qué tipo de daño tiene y si hay posibilidad de seguir usándolo en futuro. “Lo mejor que podría pasarnos en este momento es que ese

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