El Palacio Judicial de San Martín muestra una contradicción enorme: sus cuatro pisos conforman una estructura cómoda, moderna y funcional, pero el exterior luce inseguro, descuidado y sucio, con decenas de vidrios rotos y los jardines secos y cubiertos por yuyos. La explicación que dan las autoridades es que desde la Corte, no baja presupuesto suficiente para ese tipo de mantenimiento: “No hay plata ni personal”, resumen.

Los tribunales de San Martín funcionan en su nueva sede, desde mediados de 2013; se trata de un enorme edificio al fondo de la calle 9 de Julio y trabajan allí medio millar de personas todos los días, de las cuales solo un puñado ocupan el cargo de ordenanza, pero ninguno de ellos tiene como tarea el mantenimiento de la explanada y los jardines. “Necesitamos más gente, solo hay doce ordenanzas y nadie a cargo de la jardinería”, dicen desde la Delegación y aseguran que hay reiterados pedidos al respecto hacia la Corte, pero los fondos no bajan.

Así, los jardines que rodean el Palacio Judicial de San Martín no es más que un extenso cantero de tierra seca, yuyos y basura. No hay quien limpie ni encargado de cortar el pasto, y solo el municipio ha hecho esa tarea, aunque sin obligación y muy de vez en cuando: “A veces vienen los municipales y limpian un poco, pero este año todavía nadie se ha ocupado”, dicen en los despachos.

Pero la falta de mantenimiento de los jardines es apenas una cara de la explanada de tribunales, ya que el lugar muestra además pintadas, cerámicos rotos o despegados y lo más evidente, más de una docena de vidrios trizados a piedrazos, que nunca fueron reemplazados, pese a que los primeros fueron dañados hace más de cuatro años, en 2013, el mismo año de la inauguración.

Las autoridades del palacio de justicia insisten en que cada una de esas situaciones ya ha sido notificada y reclamada a la Corte, pero que los dineros para reparaciones y contratación de personal no baja: “No hay presupuesto, esa es la respuesta más habitual. El problema es que estamos demasiado lejos del Gran Mendoza, esto en la capital no pasa”, analizan los magistrados.

Pero la desidia no termina allí y a los vidrios rotos y los jardines descuidados se suma la falta de vigilancia que padece el exterior del edificio, ya que por las tardes el personal policial del lugar se reduce drásticamente y tampoco existen cámaras de seguridad en el perímetro que controlen lo que ocurre: “Los vidrios se rompieron a piedrazos y no hay datos de los autores porque no hay cámaras de vigilancia. Las que existen están solo adentro del edificio”, explican.

Efectivamente, los cuatro pisos de tribunales cuentan con la suficiente tecnología como para monitorear las distintas zonas, el problema es afuera donde no hay ni siquiera una cámara. “Dicen que este es uno de los edificios más modernos del país, tal vez sea cierto, pero falta dinero para mantenerlo y se nota”, cuenta un magistrado que recorre el lugar a diario.
El reclamo también lo hacen los vecinos, que ven con preocupación el abandono y la inseguridad que muestra el lugar, especialmente por las tardes y las noches, cuando la vigilancia se reduce notablemente.

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