El crimen de Adriana Sondermann ocurrido ayer en la mañana en los patios de su negocio Otto insumos metalúrgicos, tiene a los investigadores en la tarea de resolver algunas cuestione que no terminan de quedar claras. Pasado el mediodía, la víctima fue encontrada por su hija Romina que abrió el portón del negocio y la encontró en el suelo, con un pedazo de hierro atravesado en su cuello.

“No hubo robo, su bolso con 400 pesos y su celular BlackBerry estaban en la cartera que fue encontrada junto al cuerpo y esos siempre son objetos muy valiosos para cualquier ratero. Tampoco violentaron la puerta de ingreso al local. En fin, no falta nada del lugar por lo que el asesino no era un ladrón ni tampoco un violador”, comentó una fuente ligada a la investigación. Así, la primera cuestión que está quedando en claro para la Justicia es que, efectivamente hubo un sicario, fue un crimen por encargo, en el que una o tal vez dos personas fueron contratadas para matar a Adriana y para escribir, con total frialdad, el mensaje de advertencia que apareció sobre un portón de chapa interno: “Carlos, pagá lo que debés o siguen tus hijos”.

Desde el mismo momento del hallazgo del cadáver, la policía calculó que el “Carlos” del mensaje mafioso era Carlos Sondermann, un hermano de la víctima, empresario del área de Transporte, pero ese asunto no se ha mantenido firme con el paso de las horas. Carlos Sondermann le comentó a los investigadores que hacía casi diez años que no tenía relación con sus tres hermanas: “Desde la sucesión de la herencia de mi padre que no nos visitamos y solo nos saludamos en la calle con un hola y chau”. Además, el hombre aseguró que sus cuentas están claras, que no debe grandes sumas de dinero: “Tal vez unos 3.000 pesos por el gasoil de los camiones que tengo, pero es una deuda normal y de ningún modo podría desencadenar en semejante crimen”.

Con este panorama, en el que Carlos Sondermann asegura que hacía años que no se visitaba con su hermana, a los investigadores les resulta poco lógico que alguien que quiera mandarle un mensaje, lo haga matando a una hermana a la que no visita: “Era su hermana, eso es cierto, pero no cierra que hayan querido llegar a él a través de la muerte de Adriana Sondermann”.

Así, los investigadores tienen ahora en la mira a las posibles deudas que tuviera cualquier miembro de la familia: “Tal vez el nombre “Carlos” fue puesto allí para despistar”, comentó una fuente y agregó que el viudo se llama Luis Salinas. Por lo que ha podido averiguar la Justicia, el negocio de Otto Insumos Metalúrgicos, no era en los últimos tiempos aquel que manejara Otto Sondermann, el padre de los dos. “Cuando Adriana heredó ese negocio, allí habían dos millones de pesos solo en mercaderías y las boletas que nosotros hemos visto en estos días indican que ya no era tan fructífero”.

La pregunta del millón que gira en la cabeza de la fiscal María Mónica Fernández Poblet y de sus colaboradores es “¿quién se beneficia y quién se perjudica con la muerte de Adriana Sondermann?” y en las respuestas, posiblemente esté la solución del caso.

Los peritos de Policía Científica estuvieron levantando pistas durante toda la tarde del viernes y al final de la tarea lograron reunir cerca de 30 huellas, que habrá que analizar y descartar las que pertenecen a la víctima o a sus familiares.

Adriana Elene Sondermann fue velada durante la mañana de hoy en las salas de Salvador Milio y luego, cerca de las 15, el cortejo partió con destino al cementerio parque La Paz de los Olivos, donde fueron enterrados sus restos. Entre los deudos estuvo el viudo, Luis Salinas y los hijos de la mujer asesinada, Romina (25) y Valentino (8).