La guerra en Siria está en uno de sus peores momentos. La aviación de los Estados Unidos atacó a fuerzas aliadas al gobierno de Bashar al-Assad que habían empezado en los últimos días una cruenta ofensiva contra militares asistidos por fuerzas norteamericanas. El saldo es de al menos 100 muertos, aunque la cifra supera los 300 si se cuentan los civiles que perdieron la vida en diferentes bombardeos en los últimos días.

Tanto Siria como Rusia condenaron el ataque que extiende el conflicto bélico que empezó en 2011. El Ejecutivo de al-Assad hizo un pedido ante el Consejo de Seguridad de la ONU para que condene “una nueva masacre” del gobierno de Donald Trump.

Los presidentes de Rusia y Turquía, Vladimir Putin y Recep Tayyip Erdogan, conversaron por teléfono y se comprometieron a profundizar la coordinación de sus tropas y fuerzas especiales desplegadas en Siria, según informó el Kremlin citado por la agencia de noticias Xinhua. Hasta hace unas semanas Rusia y Turquía peleaban en dos bandos claramente opuestos, el primero con el gobierno sirio de Bashar al-Assad y el segundo con la oposición.

Estados Unidos explicó que el ataque fue luego de que milicias tribales que apoyan al gobierno sirio arremetieron contra un cuartel de las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS), aliadas de Washington en el conflicto, en Deir Ezzor, una provincia muy rica en petróleo. El coronel Thomas F. Veale, en una entrevista con la agencia EFE aseguró que actuaron “en defensa propia” por el ataque que sufrieron por parte de 500 combatientes tribales.

Además de los 100 muertos ocurridos en esa zona, en los últimos cuatro días se recrudecieron los combates en diferentes zonas sirias. Hubo al menos 210 civiles muertos y centenares de heridos luego de varios bombardeos lanzados por el régimen oficialista contra el feudo rebelde de la Guta Oriental.

Al menos seis localidades fueron alcanzadas por estos bombardeos, donde perdieron la vida mujeres y nenes, con lo que la situación humanitaria en la región es catastrófica. La guerra civil de Siria empezó en 2011 entre grupos sublevados del régimen de Al-Assad y militares oficialistas. Los combates dejaron, hasta el momento, más de 400 mil muertos y 12 millones de refugiados.

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