El gobierno de Mauricio Macri busca tomar distancia para no generar mayores divisiones ni exacerbar los ánimos, después de la turbulencia que dejó el debate por la despenalización del aborto.

Mientras se definía dentro del Congreso que iba a pasar con el polémico proyecto, el objetivo fue evitar otro sismo dentro de Cambiemos, como ocurrió en Diputados, pero también para mandar un mensaje de calma para la sociedad en general. En particular, para las personas que poblaron la plaza frente al Congreso, donde una multitud, a favor y en contra de la iniciativa, aguardaron pacientemente el resultado final.

La principal preocupación de los principales funcionarios de la Casa Rosada era lo que podría ocurrir afuera del Congreso de la Nación.

En el Gobierno fueron prudentes este miércoles a la hora de realizar evaluaciones y para proyectar el futuro. Nadie en la Casa Rosada recogió el guante que presentó el diputado oficialista Daniel Lipovetzky, quien anticipó que el bloque oficialista analiza la posibilidad de convocar a una “consulta popular vinculante” para avanzar con el proyecto de interrupción voluntaria del embarazo.

“Es la propuesta de un diputado, nada más. Acá (por el Gobierno( nadie presentó nada”, le bajaron el precio a los dichos de Lipovetzky cerca del Presidente.

Sí, en cambio, el gobierno nacional evalúa incluir la despenalización de la mujer ante un aborto en el proyecto de reforma del Código Penal, que enviará en las próximas semanas al Congreso.

Además, en el Gobierno están convencidos de que el debate sobre la legalización del aborto se presentará con fuerza el año que viene durante la campaña electoral y que tendrá un efecto en el armado de las listas de legisladores.

Las diferencias quedaron visibles

“Este debate nos alejó. Sin dudas ha sido mucho más complejo de lo que esperábamos”, aseguró un senador de Cambiemos a Infobae horas antes de la votación.

Según confiaron altas fuentes del bloque, Marcos Peña había intentado a última hora de la noche del martes buscarle una alternativa al resultado que, ayer temprano, ya se vislumbraba adverso a la sanción de la ley.

Por su parte, Macri habría confesado en la intimidad que, más allá de la votación, el resultado sería negativo. “Todos estamos poniendo ahora la mejor voluntad porque mañana hay que seguir juntos, se vienen discusiones importantes y meses difíciles”, se sinceraba anoche un senador.

Más allá de las heridas internas, un sector importante reconocerá en Macri la decisión de no obturar el debate en el seno de una estructura cuya mesa chica -Peña, María Eugenia Vidal y Horacio Rodríguez Larreta- y las tres principales dirigentes del espacio -Carrió, Michetti y la gobernadora bonaerense- están firmemente en contra de la legalización del aborto.

Es que, como aseguró Carrió en televisión, la decisión del jefe de Estado estaba sustentada en la convicción de que la ley no tendría luz verde.

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